música

Feliz año nuevo. Desde Viena hasta mi cuarto.

Después de un par de años, casi exactos, retomo mi blog. Después de un par de años vuelvo a ver íntegramente el Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena.

Nunca me he creído tener la capacidad de criticar una presentación de música clásica, soy lo bastante sordo para las delicatesen. Tampoco puedo evaluar la presentación del director. Esos son hilos muy finos que están fuera de mis capacidades como amante despechado de la música clásica (la he abandonado, al igual que el blog).

Este año pude verlo a través de Youtube la versión íntegra, de la televisión austríaca, en buena calidad y buen sonido. Suerte, porque en Nicaragua tenemos vedados muchos contenidos culturales europeos debidos a derechos de reproducción y autor.

Gustavo Dudamel, el director este 2017, Dudamel, el increíblemente joven maestro venezolano que rompe todos los “records” por su juventud, sus éxitos, su carisma. Había leído un par de crónicas sobre los dos Dudamel que se presentaron en Viena. Sorpresa, hasta un simple mortal como yo pudo percibir lo tieso que estuvo en la primera parte del concierto, para irse soltando cada vez más. Ni comparado con Barenboim, Muti o Mehta. Además, no se, lo sentí lento y un poco triste este concierto del 2017.

Lo que siempre maravilla es la realización televisiva. Es perfecta, bella, sublime. Esos movimientos de cámara, lentísimos, mostrando los detalles de la Sala Dorada del Musikverein (no crean que me sé esto de memoria, yo soy malísimo para los nombres). Siempre he querido ver un detrás de las cámaras y de la realización. Y lo más increíble es que es totalmente en vivo. Esas planos perfectos entre la orquesta, sin poder ver uno las cámaras (solo pude localizar una debajo del percusionista mayor). Lo único extraño fue esas piñas y limones en primer plano incrustados en los arreglos florales (me hizo recordar a las tarimas enfloradas de Nicaragua).

Mención aparte merece el intermedio televisivo titulado “Los sonidos de Viena” de aproximadamente media hora. Un cuento musical de historias cruzadas de jóvenes, música, ballet. Un homenaje según veo a los artesanos vieneses (cocinera, orfebre, marmolista, carpintero, zapatera, adoquinador de calles y lógicamente músicos) Lindo, con versiones de piezas normales de los Strauss y similares. Y con una fotografía y unos movimientos de cámara sencillamente geniales, y una Viena bella, joven.

En fin, disfruté muchísimo, sigo agradeciendo esa magia de poder ver esas cosas (ya no hay canal de tv en Nicaragua que lo transmita).

A lo mejor otro día tratamos el tema de la música y las posiciones políticas como ciudadanos que tienen nuestros ídolos, ya que, a pesar de que fue un hito en la carrera de Dudamel, he leído que muchos en Venezuela no lo sintieron como tal, debido a la posición pro-Chávez y pro-Maduro de Gustavo Dudamel.

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