Literatura, Nicaragua

Ernesto Cardenal 90 años

Ernesto Cardenal. 90 Años. Managua, Nicaragua.

 

 

 

Después de ver las crónicas del homenaje que se le realizara en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México a Ernesto Cardenal,

Sacerdote

Poeta

Traductor

Pintor

Escultor

Ex Ministro

Revolucionario

Nicaragüense

…muchos nos preguntamos: ¿Por qué es casi imposible que hubiese un homenaje en su tierra, en nuestra tierra? Por cuestiones políticas, sabemos que el gobierno del Presidente Ortega nunca daría una palabra de orgullo ni felicitación por los 90 años de vida de Cardenal y mucho menos un acto, aunque también sabemos que la coherencia de Ernesto habría rechazado cualquier lisonja de parte de Rosario Murillo o Daniel Ortega. Pero sucedió y en poco tiempo se organizó un sencillo pero bello acto de música y poesía en la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío, gratuito, libre. Un teatro que es el espacio más importante de la vida cultural nicaragüense y que debe seguir manteniéndose abierto a toda la sociedad. Una noche de poesía, de revolución hecha poesía, de compromiso poético, de fe poética y de poesía convertida en música.

 

Sergio

Luis Enrique

Carlos

Karla

Gioconda

y Ernesto.

Un pequeño discurso de Sergio Ramírez, poemas de Cardenal cantados por Luis Enrique Mejía (Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido) otro par de Carlos Mejía (qué falta nos hizo escuchar Las campesinas del Cuá), y la musicalización de Oración por Marilyn Monroe, interpretada por Carlos y los de Palacagüina, el maestro Cansino y la soprano Karla Matus. (También nos hizo falta escuchar la musicalización de La hora Cero del Grupo Pancasán). Posteriormente, un bello poema lleno de celos por parte de Gioconda Belli, iniciando con la envidia de no ser ella “Claudia”, una de las musas de Cardenal, ni ninguno de sus amores juveniles. Y desde luego la acción de gracias que todos los amores no fueron correspondidos porque no hubiese sentido el amor a Dios.

El amor a Dios que lo llevó

A la Trapa,

a Merton,

a Solentiname,

a la lucha contra Somoza,

a la Revolución,

al Cántico Cósmico,

a la oposición,

a luchar contra el Canal en Nicaragua.

 

Y después Ernesto, el Padre, Cardenal, que así como oficios tiene formas en que la gente habla de él. Un sillón, unos libros, una escultura de su autoría y una planta. Luz blanca fuerte en un escenario oscuro y unas cuantas fotografías proyectándose al fondo. Fotos de su juventud, en Solentiname, con Fidel, Con Arafat, y de su participación en recientes eventos como el Premio Pablo Neruda entregado por la presidenta chilena Bachelet. Una hora de lectura de sus poemas, con algunas introducciones en tono picaresco que nos divertió al narrar: “éste se lo dediqué a una muchacha”, “éste a otra muchacha que no es la misma”, “éste a otra muchacha diferente”. Los poemas antisomocistas, la Revolución. La modernidad. Causó gracia el poema El celular, mas éste era de un realismo aplastante y en sí mismo una fuerte crítica a la explotación moderna, lo que hace manifiesto que a pesar de su edad su compromiso es permanente.

La voz clara de Cardenal, empezando por sus Epigramas, nos hizo un recorrido antológico sobre su obra durante una hora hasta terminar con el apoteósico poema hacia su hermano, hijo, compañero, Laureano Mairena, y su grito de vida y compromiso de 90 años en la tierra: “Me vale verga la muerte”.

 

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Sergio Ramírez

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Gioconda Belli.

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Luis Enrique Mejía Godoy

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Carlos Mejía Godoy

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Carlos Mejía Godoy

 

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Karla Matus interpretando Oración por Marilyn Monroe

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Nicaragua

Castas y castas y más castas

A partir de una pregunta sobre cómo  se llama la mezcla resultante entre mestizo y español, se me vino a la mente tres elementos:

1. Las pinturas de castas de la América Española que se exhibe en el Museo de América en Madrid

2. La lista de castas en las que se involucrada un negro que se refleja en el libro “Tambor Olvidado” de Sergio Ramírez Mercado, que trata sobre la gran influencia de “lo negro” en Nicaragua y que se ha visto ocuptada por un falso mestizismo español-indio.

3. Que esto de las castas (y no razas como mal se llama) es tan actual que hasta el fin de la Apartheid en Sudáfrica la población tenía que inscribirse en una de las castas y sólo algunos podían cambiarse (los negros lógicamente no)

A continuación cito a Ramírez (Tambor Olvidado, Editorial Aguilar, 1era Ed. 2007 p. 71-72)

Los Mulatos, un término despectivo que proviene de mula, pues como ésta, el mulato venía a ser el resultado del cruce de diferentes especies, mezcla de español y negro; o de español, indio y negro)

Los pardos, o morenos cuando se trataban solamente de la mezcla entre blancos y negros.

Los cuarterones y quinterones, cuando los mulatos tenían sólo un cuarto o quinto de sangre africana.

Los zambos, hijos de negros e indios, unión que las leyes coloniales prohibían por juzgarla como la degeneración racial más última. A estos zambos se les llamaba también picholos, palabra que pasó a ser sinónimo de persona haragana y abandonada, inútil.

A los mulatos se daba otras denominaciones, de acuerdo a las múltiples combinaciones en que entraban y que se volvieron después una maraña indescifrable:

Mulato coyote, mulato lobo, mulato prieto, mulato blanco, blanqueado… (Nota, en el libro se describen estas combinaciones)

Había otras mezclas (Sigo citando a Sergio Ramírez) aún más complejas, que merecian nombres extravagantes o caprichosos aún, derivados de las clasificaciones del ganado, como por ejemplo: zambaigo, cambujo, albarazado, barcino, chamizo.

Y luego otros, según los tonos del color de la piel, en una escala que iba de atezado, encerado, a triguño, blanquillo y loro, estos últimos en la categoría de los mulatos blancos, sobre todos los loros, que tenían el pelo liso, castaño o colorodado, y los ojos claros, a veeces amarillos, a veces verdes. Mientras más se acercaran al blanco en la escala, mejor precio.” Fin de la cita

Si no todos, al menos la gran mayoría de estos nombres están olvidados. Pero en eso yo no soy políticamente correcto, y para mi un negro es negro. O una negra es negra, no morena, morenita, “del color”. Lo que si, es que son afrocaribeñas, afronicaragüenses, se escucha mucha más bonito que decir “es de la costa” o “costeña” como si los de pacífico no fueran costeños.

En fin, siempre se aprende algo cuando uno sabe un poquito de algo pero quiere dar una explicación más detallada.

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