Historia, Literatura, Nicaragua

Por fin, La sonrisa del Jaguar

Por fin, La Sonrisa del Jaguar, para finalizar mi año de lectura de Rushdie (He leído sus Memorias, Los Versos Satánicos, Vergüenza y La Sonrisa del jaguar) Lógicamente la primera vez que supe sobre Salman Rushdie fue cuando el Ayatollah Jomeini impuso una fatua sobre él, por burlarse del Islam y de Mahoma con los mundialmente famosos Versos satánicos. Recuerdos del colegio con Alejando Von Reichnitz S.J. hablándonos de la libertad de creación entorno a la religión y explicando que el gobierno de Nicaragua había expresado su solidaridad con el escritor indio, a pesar de ser aliado de Irán en la década de los 80. Algún tiempo después supe que Rushdie había estado en Nicaragua invitado por Rosario Murillo. Producto de esa visita, Rushdie se vio obligado a escribir La Sonrisa del Jaguar (1987), como él mismo afirma:

“No fui a Nicaragua con el propósito de escribir un libro, ni siquiera de escribir; pero al final me impresionó tanto que no me quedó más remedio que hacerlo”

Salman no era muy famoso cuando vino a Nicaragua, pero era parte de una estrategia de los diferentes actores culturales nicaragüense de invitar a personas de la cultura internacional a ver con sus propios ojos el proceso revolucionario nicaragüense y la guerra de agresión dirigida, financiada, apoyada y organizada por los Estados Unidos a través de la Contrarrevolución.

Se refleja una libertad de movimiento y libertad de encuentros en el viaje de Rushdie. Conociéndolo, sería imposible que no se quejara que era obligado a hacer solo lo que la directora de la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura y Primera Dama, Rosario Murillo (que fue la que lo invitó). Sus reflexiones y consideraciones reflejan una inicial simpatía hacia lo que vivía Nicaragua y la actitud de los Sandinistas.

Dice Salman “La revolución nicaragüense ha sido y sigue siendo una pasión. La palabra tiene resonancias seculares y cristianas al mismo tiempo. Esa fusión se encuentra en el corazón del sandinismo”. Sin embargo, no deja de pasar por alto y lo remarca siempre cuando puede, el tema en el que estaba en contra y lo critica abiertamente como es la libertad de expresión y la censura contra La Prensa.

“Para comprender a los vivos en Nicaragua me di cuenta de que era necesario empezar con los muertos. El país está lleno de fantasmas”

No hay nada mejor que una visión virgen para fijarse en detalles que se nos esconde en la cotidianeidad. Y tal vez ese sea el principal aspecto de las crónicas sobre los lugares donde vivimos realizadas por visitantes extranjeros. Interesante la apreciación sobre el símbolo del sombrero de Sandino en la iconografía en los 80:

“Me llamó la atención de que fuera el sombrero de Sandino, y no su rostro, lo que se ha convertido en el ícono más poderoso de Nicaragua. No se reconocería inmediatamente un Sandino sin sombrero, pero el sombrero basta para evocarle. En muchos casos las pintadas del Frente están seguidas de un dibujo esquemático del famoso sombrero, un sombrero que parece exactamente un signo de infinitud con un volcán cónico saliendo de él. Infinitud y erupciones, el hijo ilegítimo que venía de Niquinohomo es ya un puñado de metáforas. O para decirlo de otra manera: Sandino se ha convertido en su sombrero.”

Managua, Estelí, Matagalpa, Pantasma, Blueffields, Pearl Lagoon, Kukra Hill, Rushdie comía en la casa de Daniel Ortega como en la de Sergio Ramírez, como con una señora de pechos descomunales en Blueffields. Era un visitante ilustre, pero su crónica no refleja mucho casas de protocolo ni especial atención a sus movimientos y a su interrelación con los nicaragüenses. Y esta libertad se ve reflejada en el tema de la libertad de expresión. Sin posiciones ambiguas, Rushdie critica duramente al régimen del FSLN y Ortega por la censura. Y lo repite cuantas veces quiere y cuestiona a sus interlocutores sobre ello.

“La cuestión de la libertad de prensa fue algo en lo que estuve en total desacuerdo con los sandinistas. Me inquietó que un gobierno de escritores se convirtiera en un gobierno de censores.”

Pero a pesar de esa defensa sin tapujos hacia la libertad de prensa y su inquietud por la situación de La Prensa, el retrato que hace de Doña Violeta Chamorro como conclusión de la entrevista entre ambos es sinceramente curioso y nada halagador:

“La manera en que ella me habló no indicaba un profundo respeto por la verdad. No le hacía ascos a una cierta manipulación de los hechos. Curiosamente fue la persona con que me entrevisté menos dispuesta para hablar de hechos concretos. Los políticos suelen hacer largos alegatos de tipo general que no se apoyan en hechos y casos concretos. Resulta curioso pues, encontrar a una periodista que se mostrara tan imprecisa cuando se le pedían pruebas…Me resulta difícil pensar que esta dama aristocrática esté más cerca del pueblo que digamos oh, pues, Carlos Paladino en Matagalpa, Mary Ellsberg en Blueffields o hasta Daniel Ortega. Y estoy seguro que mi escepticismo nada tiene que ver con sus joyas”

Al final sabemos que Rushdie vino a Nicaragua apoyando la Revolución Sandinista. Vino invitado por el gobierno. Tuvo el lujo de comer con las mas altas autoridades del país. Recorrió ciudades acompañado de Comandantes de la revolución. Pero estuvo quince días en la Costa Atlántica (antes del proceso de Autonomía) y tuvo la oportunidad de entrevistarse con ciudadanos comunes y corrientes y como ya vimos, incluso con el más importante ícono anti sandinista como lo fue Violeta Chamorro. Esto es un retrato de la Nicaragua sandinista. La otra orilla de la Nicaragua anti sandinista, que bien podemos leer, por ejemplo, en Revolución en la familia de Shirley Christian.

Estándar